El día que corrí una maratón con Buenafuente y Berto

Ya, ya lo sé. Han pasado dos semanas desde que tenía pensado este artículo. Y sí, también sé que hoy no es lunes. Pero aquí estamos, ¿qué es lo importante no?

Este artículo podría llamarse de muchas formas:

  • 42 kms dan para pensar muchas cosas
  • Hoy me acordé de ti, y fue corriendo una maratón
  • Cuándo el cuerpo no tira, pero la mente sí.
  • etc…

No había hecho antes una maratón. De hecho (spoiler) aún no la he hecho de forma oficial. Por lo que correr esta carrera era algo nuevo para mí. Si, ya sé que en la USN  el año pasado me quedé en el km 55. Pero en ese caso, el objetivo era llegar a los 62 y también me quedé en el camino.

Maratón por montaña de Sierra Elvira (Granada). Ya no recordaba ni el día que fue (27 febrero), por lo que no te voy a aburrir con tecnicismos de desnivel acumulado… cimas etc… Simplemente, vamos a quedarnos con que eran 42 kms. No unos 42 cualquiera, 42 por montaña.

¿Y por qué por montaña?

El que me conoce sabe que desde mi rehabilitación después de operarme del hombro, correr ha sido mi escape. No quiero ponerme medallas hipsterianas del “yo estaba allí antes” pero si que me siento un poco ajeno de toda la marea que el mundo del correteo (intentaré no llamarlo running nunca) mueve. Tiene huevos que lo diga mientras escribo un artículo de la última carrera que he hecho; pero tengo que decir que mis tiempos de compartir cada entrenamiento, salida, foto, etc… pasaron. Que lo seguiré haciendo: claro, cuando me salga de los huevos. Porque la coherencia esta sobrevalorada que decía hoy Yorokubu.

Lo que comenzó con carreras populares, paso a la montaña. Granada tiene mil cosas buenas, y entre ellas es que sin tener que coger el coche puedes pasear por rincones que más quisieran otros.

Y respondiendo a la pregunta, ¿por qué montaña? Porque la montaña se asemeja más a la vida. En una carrera popular: sales, corres y llegas; disfrutando por el camino. En la montaña no es tan simple. Corres, pero no manteniendo un ritmo. A veces corres, otras andas. Tu elijes. Sales con 300 pero puedes tirarte varias horas solo. Tienes varias metas simbólicas, o picos que alcanzar. Como la vida misma.

Mi CxM Sierra Elvira 2016

La salida era pronto. Muy pronto. De esos días en los que te levantas y te preguntas que coño estás haciendo. Y si con eso no bastaba, la noche anterior había llovido de lo lindo (barro) y hacía bastante frío (hola que tal nieve).  Las salidas son siempre bonitas, cómo todos los principios. Con esos nervios característicos en los todos parecen más simpáticos y agradables. Si no has corrido nunca se parece a lo que suele pasar cuándo comienzas la carrera, los primeros meses de la erasmus o en las primeras citas.

Yo no había entrenado lo suficiente. Mal. Lo reconozco. Y no soy el típico cabezón de por mis cohones que la termino. Pero allí estaba. En la USN (ultra de 62 kms que comentaba antes) no me fallaron las piernas, me falló la cabeza. Y me tomé esta carrera como eso: un entrenamiento mental (más que físico). Los primeros kms pasaron sin problema. Que llovía, me ponía el gorro. Que nevaba, disfrutaba de las vistas. Corría las bajadas (soy una cabra loca) y andaba en cada subida. Comía en cada avituallamiento, y me reía cada vez que teníamos que cruzar el río Cubillas (dos veces).

Tantos kms, dan para pensar mucho. Tanto que a veces tienes que obligarla a parar. Y aquí es dónde durante una hora corrí con Buenafuente y Berto, que con su “Nadie sabe nada” me hicieron corretear por el primero de los picos que había que alcanzar sin escuchar a nada ni nadie. Sonriendo. Siento si el título te engaño 😛

Km 28. Las piernas ya no son lo que eran. Las lumbares lloran. Me vuelvo a poner la música después del momento podcast. Llego a un avituallamiento pensando en los tiempos de corte. Por si no lo sabes, son horas a las que si no has pasado por un punto antes de un tiempo: para casa. Y yo no los había mirado.

Yo: “¿Es aquí el tiempo de corte?”

Tipo: “No, es en unos 2 kms”

Yo: “¿Y hasta que hora se puede?” – mientras me comía el enésimo plátano.

Tipo: ” Hasta dentro de 15 minutos”

Este fue el momento de MI carrera. Podía elegir montarme en el coche con ellos y que me llevasen a la meta. O intentarlo. Y lo hice con la mejor de las bandas sonoras: Elvis Presley. Julia había metido algunas canciones en la lista de Spotify que tenía preparada para los momentos de bajón. “Suspicious Minds” me hizo emocionarme justo antes de llegar. Confieso que tuve que limpiarme alguna lagrimilla tonta.

Y llegué. Era el último de los que quedaban en carrera. Pero en el siguiente corte, unas piernas destrozadas y el tío que allí había minaron mis ganas de seguir. Vamos a dejarlo ahí.  3 kms andando hasta el coche y fin de MI carrera. A 10 de terminar. Pero lo había intentado.

Me acordé de ti probablemente. Así, sin mucho esfuerzo, recuerdo dos momentos: “El Taxi, de Pitbull” me hizo bailar y reír a partes iguales y “Suspicious Minds, de Elvis Presley”

Ahora  que me releo, parece que reí más de la cuenta. Y tan bien.

 

Pensando ya en el próximo reto.

Post dedicado a: Diegor y Juan.

Algo se muere en el alma…

Quieras que no, el amor es así. Cuándo lo buscas, no lo encuentras. Ya puedes tener tinder o adopta un tío… que no. Y cuándo la desidia gana la batalla y decides simplemente pasar, aparece.

Hace ya más de 5 años que te conozco, y parece que fuese ayer. Creo que hay una diferencia muy grande entre el amor y el enamoramiento. 

Cuando te enamoras, todo es de color de rosa. No hay defectos, todo es perfecto.¿Quién no disfruta el tonteo inicial? Esas conversaciones que te dan la vida, que te mantienen despierto hasta tarde, esos comienzos en los que tu “yo de antes” muere y aparece un nuevo yo capaz de hacer cualquier cosa. Pero pasado un tiempo, decae. Y mucho.

El amor es diferente. Empieza titubeante, con miedos. Con los “que dirán”. Con los “y si…”. Y juntos, en una especie de ensayo-error, se van sumando puntos. Puntos que en un momento el destino pone en una balanza que decidirá si esto sigue adelante o no. Se refuerza, se hace más fuerte. Y lo que antes fueron dudas, ahora no existe. Y los pequeños defectos se aceptan y se adoran.

Recuerdo las primeras salidas, emocionantes. Esas noches en vela, de locuras y conversaciones hasta casi amanecer. Salidas al extranjero. ¡ Cómo cuesta “comer” fuera de casa! Y hasta preocuparme cuando otro se te acercaba y yo estaba cerca.

Todo el que te ha conocido coincidirá conmigo: tienes carácter. Y es verdad que hemos compartido con más de los que probablemente lean esto. Gente que estuvo, gente que está, gente que quizás pase un día de cotilleo y se ría al leer esto…

Te engañaría si dijese que todo han sido flores… Hemos tenido nuestros más y nuestros menos. Nada en la vida es eterno, salvo quizás el amor. Y entiendo que tengas que marcharte, pero por otra parte me jode no poder disfrutarte más. Nos cruzaremos por la calle, y llegará el día que pueda mirarte y sonreír recordando todo lo que hemos pasado juntos.

Quieras que no, te voy a echar de menos KIA RIO (rayito).

Propósitos 2016 : qué voy a hacer y qué voy, al menos, a intentar

Si, fui yo el que dijo la semana pasada esto.

Ya voy tarde. Pero podría ser peor. La siguiente semana, el siguiente lunes… ¿te suena?

Comienzo de año es época de nuevos propósitos. Un “yenesecuá” que te envuelve y te da la fuerza que a lo mejor en otro momento no tenías para llevarlo a cabo.

He visto que no está de más compartirlos. Sobre todo por aquello de crear un “contrato virtual” entre tú y yo. YO, propongo unos objetivos, TÚ puedes ver hasta que punto soy capaz de conseguirlos y acompañarme en el camino – o pasar directamente si no te interesan.

Un propósito podría ser: “ganar más dinero“, o “ser más feliz” – aunque el dinero siempre ayuda- . Pero ese tipo de objetivos, de propósitos o metas, se los lleva el viento tiempo. Aquí aparece la regla (nemotécnica) SMART.

¿Son tus objetivos SMART?

Specific (específicos), measurable (medibles), achievable (posibles de lograr), relevant (relevante) y time-bound (con una fecha concreta). Haciendo caso a este principio:

propositos2016
Sin mirar a largo plazo, paso a paso

Mis propósitos para 2016 (que podrían ser los tuyos también)

Por si acabas de llegar, y te preguntas a qué me dedico, soy un valiente. Soy autónomo – o freelance si queremos darle el toque-. Terminé teleco y me dedico desde hace tres años al mundo del marketing y la comunicación. Antes a tiempo completo en Uveni – el pequeño que Maciek, Julio y yo creamos – y ahora estoy embarcado en un nuevo proyecto del que pronto te contaré más – no es que no quiera hacerlo ahora, pero si no nos dispersamos -.

  • Ingresar tanto cómo para poder independizarme (2 meses de plazo): El primero de mis objetivos. Tiene poco que explicar, toca volar del nido.
  • Asentar Iniciador como uno de los eventos de referencia en Granada (todo el año): Antes, tengo que trabajar dos cosas. La primera, cuidar ese malestar que me genera sentir que la gente va a su bola, en vez de sumar todos por un mismo objetivo. Ya que quizás no lo hacen “cómo dios manda“, pero cómo bien me decía Chema Robles: “lo importante es que se hagan cosas”. La segunda, y que da para un artículo en si mismo: revisar el formato.
  • Leer un mínimo de 24 libros al año (todo el año): Te mentiría si dijese lo contrario, leer (libros) me cuesta. Podría intentar explicarme y decir que la avalancha de información que nos llega cada día hace que… pero paso. Mejor contarte que me he propuesto leer un libro cada dos semanas, y que comencé con El guardián invisible de Dolores Redondo“.
  • Dibujar semanalmente (todo el año): si me conoces de antes, has notado mi afición por el “pintamoneo“. Mi plan para llevar a cabo este objetivo es usar mis propios dibujos para ilustrar lo que escribo – pero no podrás disfrutarlo hasta que no me arreglen el pc-.
  • Escribir 20 artículos (uno a la semana).
  • Mejorar mi inglés, y por aquello de que sea “medible” de un B2 para arriba (todo el año): mientras escribo este objetivo, ya lo estoy postponiendo en el tiempo. Pero no lo veo inalcanzable.
  • Correr y terminar (dignamente) el Ultra Sierra Nevada 2016 (julio 2016): ya lo intenté el año pasado. Pero los 62 km me supieron a mucho. Otro día te hablaré de la prueba en sí, o del entrenamiento que hago.
  • Hacer al menos 2 viajes de más de un fin de semana (todo el año): el destino me da igual. La compañía, siempre que esté Julia, también.
  • Hacer un viaje con Ramón (todo el año): éste se lo debo. Y puede que no lo conozcas, pero ya lo harás (tiempo al tiempo).

Falta alguno que aún me ronda la cabeza, y probablemente sobrarán también. Pero de está forma queda conformada mi “no hay huevos” particular.

Ahora te toca a ti: dime hola en los comentarios, mándame un jamón; o lo que puede ser mejor: cuéntame cuáles son tus propósitos de año nuevo.

Fotografía | altasensibilidad

3 cosas que Whiplash me ha enseñado para la vida

El destino es un maldito bufón. Y ya no sólo porque viniese hoy con la idea de escribirte de Whiplash y leer hoy que otros ya lo hicieron. ¿Recuerdas la situación con la que comenzaba ayer? ¿Aquella clase de física con aquella frase que se quedo grabada a fuego y que luego volvería a escuchar más veces? ¡Pues después de 11 años me he encontrado a ese profesor! Corriendo por el parque.

No he tenido huevos a saludarlo (mal).

Volviendo a Whiplash. Escucho la banda sonora mientras escribo improvisando en una especie de jam creativa (en verdad no). Pero la BSO te la recomiendo encarecidamete. O eso o no vuelvas. La sinopsis de la película – cuidando los spoilers que odio – sería algo como : un chico que quiere ser el mejor batería del mundo y topa con un director de orquesta un tanto peculiar. En un 2×1, la película también la recomiendo. De hecho si no te apetece escuchar la banda sonora puedes ver la película sola ( y matas dos pájaros de un tiro).

3 cosas que Whiplash me ha enseñado para la vida

La primera – y que parece que me persigue – es la importancia de la constancia. Para alcanzar una meta, un objetivo, superar un reto o que no se te corte la mayonesa, es importante un grado de compromiso. Quizás es la primera pregunta que debe hacerse uno antes de empezar cualquier cosa.

¿Si un viernes salgo de fiesta, me pondré el sábado con esto? Si la respuesta es sí, vas sobrado.

En mi caso, correr la USN (de la que ya hablaré más adelante) o mi papel en Uveni podrían entrar en este apartado. La constancia como puerta hacía la perfección buscada – que no impuesta, recuerda – . A correr se aprende corriendo, a escribir se aprende escribiendo y a emprender se aprende… bueno quizás no directamente, pero aprendes “atajos” fallando, probando (larga vida al método lean).

El motor que hace la primera posible me lleva a la segunda. La motivación. Hay que hallarla, sin ella ya puedes ser lo más constante del mundo, imponerte horarios, planes o sacrificar cosas que no durará. Y si dura y superas ese reto, objetivo, no te llenará. Y eso, es una puta mierda. Motivación no tiene que ser igual a algo utópico, puede ser algo temporal ( como mazarte en verano) o quién sabe… (quizás podríamos, tú y yo, hablar otro día de la motivación).

Y por último y no menos importante. No soy Steve Jobs, Killian Jornet, Charlie Parker o incluso Andrew Teller (el prota) en este caso. ¿Qué quiero decir con esto? Intento explicarme. Genios hay sólo unos pocos, es sano tenerlo claro de partida. Y tanto los puntos uno y dos, deben salir de uno mismo. Motivación: sí, pero puede ser temporal. Tu pones los objetivos, no tienes que conseguir lo que la gente espera (o crees que espera), ni cuando, ni cómo ellos lo esperan. Tu pones los límites. Constancia, sí es buena. Sí nos hará las cosas más fáciles. Pero los viernes son los viernes, y si uno sales tampoco hay que fustigarse. No significa menos compromiso, no significa menos motivación. Un tropiezo es un tropiezo, y hasta de eso se aprende.

Es simplemente, un poco de humanidad.

Y tú, ¿ la has visto?

La perfección está sobrevalorada

Me acuerdo de la situación con una sorprendente claridad. Clase de física. Aquella época en la que te preocupaba más el grano que te salía en la frente y que te dejaba evidencia ante tus amigos (como si a ellos no les pasara lo mismo). O mucho mejor, si tus “greñas” estaban como dios manda. En aquella clase es la primera vez que recuerdo aquello de:

Mejor estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y despejar duda alguna.

Y parece que aquella frase hizo mella en mí. Comprar un hosting, montar un bonito blog (aunque aún le falten retoques), hablar por enésima vez a las ganas de escribir que tengo…  parece fácil. Pero hay algo que me retrae, algo que no me deja escribir. Algo que hace que no cuente lo que me pareció Interestellar o la segunda temporada de House of Cards. El miedo a “despejar duda alguna. Por suerte o por desgracia, el tiempo me ha convertido en alguien bastante pragmático.

Pragmático por necesitar datos. No me vas a escuchar decir que a veces no me venga arriba (como Aquarius) y luche con un argumento sin peso como espada. Prejucios, sentimientos o emociones me pueden llevar como a ti o a cualquier otro. Pero en una (falsa) búsqueda de la perfección deseada, no me siento cómodo escribiendo/opinando/hablando de lo que no tengo todos los datos. Lo que yo considero “todos los datos” en realidad. O una opinión al menos bastante formada.

Pero que coño. Si Inda puede yo también. Entradas frescas, sin mucho miramiento hablando de lo que me venga en gana. La perfección esta bien pero como búsqueda, no cómo obsesión. Y esta se consigue practicando.

280 palabras en 15 minutos para el primer día no esta nada mal. ¿Qué te parece el plan? ¿Y cómo llamamos a esta “categoría”? que “pajas-mentales” esta ya muy manido.