3 cosas que Whiplash me ha enseñado para la vida

El destino es un maldito bufón. Y ya no sólo porque viniese hoy con la idea de escribirte de Whiplash y leer hoy que otros ya lo hicieron. ¿Recuerdas la situación con la que comenzaba ayer? ¿Aquella clase de física con aquella frase que se quedo grabada a fuego y que luego volvería a escuchar más veces? ¡Pues después de 11 años me he encontrado a ese profesor! Corriendo por el parque.

No he tenido huevos a saludarlo (mal).

Volviendo a Whiplash. Escucho la banda sonora mientras escribo improvisando en una especie de jam creativa (en verdad no). Pero la BSO te la recomiendo encarecidamete. O eso o no vuelvas. La sinopsis de la película – cuidando los spoilers que odio – sería algo como : un chico que quiere ser el mejor batería del mundo y topa con un director de orquesta un tanto peculiar. En un 2×1, la película también la recomiendo. De hecho si no te apetece escuchar la banda sonora puedes ver la película sola ( y matas dos pájaros de un tiro).

3 cosas que Whiplash me ha enseñado para la vida

La primera – y que parece que me persigue – es la importancia de la constancia. Para alcanzar una meta, un objetivo, superar un reto o que no se te corte la mayonesa, es importante un grado de compromiso. Quizás es la primera pregunta que debe hacerse uno antes de empezar cualquier cosa.

¿Si un viernes salgo de fiesta, me pondré el sábado con esto? Si la respuesta es sí, vas sobrado.

En mi caso, correr la USN (de la que ya hablaré más adelante) o mi papel en Uveni podrían entrar en este apartado. La constancia como puerta hacía la perfección buscada – que no impuesta, recuerda – . A correr se aprende corriendo, a escribir se aprende escribiendo y a emprender se aprende… bueno quizás no directamente, pero aprendes “atajos” fallando, probando (larga vida al método lean).

El motor que hace la primera posible me lleva a la segunda. La motivación. Hay que hallarla, sin ella ya puedes ser lo más constante del mundo, imponerte horarios, planes o sacrificar cosas que no durará. Y si dura y superas ese reto, objetivo, no te llenará. Y eso, es una puta mierda. Motivación no tiene que ser igual a algo utópico, puede ser algo temporal ( como mazarte en verano) o quién sabe… (quizás podríamos, tú y yo, hablar otro día de la motivación).

Y por último y no menos importante. No soy Steve Jobs, Killian Jornet, Charlie Parker o incluso Andrew Teller (el prota) en este caso. ¿Qué quiero decir con esto? Intento explicarme. Genios hay sólo unos pocos, es sano tenerlo claro de partida. Y tanto los puntos uno y dos, deben salir de uno mismo. Motivación: sí, pero puede ser temporal. Tu pones los objetivos, no tienes que conseguir lo que la gente espera (o crees que espera), ni cuando, ni cómo ellos lo esperan. Tu pones los límites. Constancia, sí es buena. Sí nos hará las cosas más fáciles. Pero los viernes son los viernes, y si uno sales tampoco hay que fustigarse. No significa menos compromiso, no significa menos motivación. Un tropiezo es un tropiezo, y hasta de eso se aprende.

Es simplemente, un poco de humanidad.

Y tú, ¿ la has visto?

  • Yo la he visto y, como bien pudiste ver en mi blog que enlazas, me encantó. Una película simple, directa y que no da rodeos. Para mí ha sido una megabocanada de aire fresco que necesitaba desde hace tiempo en el cine.

    Un saludo y gracias por el link 🙂

    • ¡En primer lugar gracias Javi por el comentario! Casualidades de la vida, justo ayer descubrí tu blog y tropecé con el artículo que linkeo.

      A mi también me gusto la película mucho. Bocanada de aire fresco como tu dices, pero sobre todo me abrió los ojos en lo que intento decir en mi post. En que no hay que obsesionarse, y dejar de lado todo aquello que también te conforma como persona. Hay tiempo para todo, y nuestros objetivos no deben ser “dominar el mundo” !

      Un abrazo!